Mariano José de Larra

De La Enciclopedia Apócrifa
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Periodista y escritor español, nacido el 24 de Marzo de 1809 y suicidado el 13 de febrero de 1837.

De la serie grandes personajes:

Mariano José de Larra
Larra.jpg

No se puede tener todo en esta vida.
Nacimiento Natural.
Muerte Artificial.
Ocupación Exponer majestuosamente sin dar soluciones.
Nacionalidad Español.
Malo o bueno Demasiado bonachón para Dolores.
Atentados contra la humanidad Digamos que cometió uno a los 27 años.
Religión Una que dice que los muertos están vivos.
Notas Al menos nos ahorra tener que memorizar otras tropecientas obras con sus respectivos años.


Contexto histórico[editar]

Si a la definición de amor, que no es otra cosa sino un caso extremo de egoísmo por querer acostarse con una determinada persona, le añadimos las hojas del otoño y las ganas de marginarse en el Moncayo, habremos dado con el movimiento literario conocido como Romanticismo. Entonces sólo queda particularizarlo a España: primer tercio del siglo XIX.

Características varias del Romanticismo.

Los políticos permanecen conservadores y los intelectuales se agabachan con la Revolución, pero ignoran que ésta muere en el momento en el que se decapita la cabeza a los reyes para coronar a otro que con la excusa de libertad lleva la muerte por toda Europa. Una libertad que afortunadamente termina muriendo de frío en el este.

Una cosa de la que no se dan cuenta los intelectuales es que si bien con el fin de los Austrias España comienza a multiplicarse por 0'99, con los Borbones lo hace por 0'33. Si la ascendencia de Carlos IV y la de su hijo Fernando VII es francesa, cómo no va a quedar justificada su incompetencia para con las intenciones de Napoleón, tratándose casi más de un servicio a la Corona Francesa (reiteramos lo de decapitar a los reyes para ponerse en su lugar) que de ineptitud. No paran a reflexionar que en la Guerra de Sucesión Española debieron vencer los Habsburgo. Bien puede ser el Tratado de Utrecht ese 0'66.

Pero volvamos al caso, por enchufe Napoleón coloca a su hermano en el trono de España: ¿en qué quedamos? ¿nos cargamos a los reyes por esa bonita mujer portaestandarte sin sujetador? ¿o lo hacemos para ponernos nosotros? Más que Revolución, Contradicción Francesa.

Volvamos al caso una vez más. Ningún español quería por rey a un borracho, así que emprenden una verdadera Revolución y lo echan. Fernando VII vuelve al trono y se fuma la Constitución de 1812, lo que suposo para Mariano José de Larra una reducción de su esperanza de vida de más o menos cincuenta años.

Biografía[editar]

No entra en selectividad, pero sin embargo hay un detalle en su vida particular que merece especial mención y que hace que por una vez en la historia pese más autor que su obra, y eso es el pistoletazo que se metió de sien a sien, según se iba por la puerta la mujer que por enésima vez le recordó que siempre serían buenos amigos. Ese rechazo se juntó con sus decepciones sociales y políticas, generando una resultante que le llevó a la decisión, no vamos a discutir si certera o no, de quitarse la vida.

O así es como lo cuenta la historia.


El 13 de febrero de 1837[editar]

Casa del escritor. TIC-TAC, TIC-TAC. Cambio del péndulo al cuerpo de Larra. Zum lento. Zumaut lento y cambiando a la puerta.
Dolores quema el timbre y aporrea la puerta.
—DOLORES: ¡Mariano! ¡¡¿Qué ha sido eso?!! ¡¡Ábreme!! ¡¡¡POR EL AMOR DE DIOS RESPÓNDEME MARIANO!!! ¿Qué has hecho, Mariano, qué has hecho? (Llora, apoya la espalda sobre la puerta y se deja escurrir hasta quedar sentada).
A los cinco minutos llega la policía, después del aviso de Dolores.
—POLICÍA: Era ya lo que le faltaba a este loco, se ha matao con su propia pistola.
— JEFE POLICÍA De loco nada, que era de los pocos que se preocupaban por "este país", como él mismo habría dicho.
— POLICÍA: Ese era su problema. Siempre preocupado. Por España o por una mujer que nunca le ha hecho el más mínimo caso. Mira, hasta antes de apretar el gatillo se preocupó de que podría manchar el sofá, aunque de nada le sirvió cubrirse con el pañuelo, mira cómo ha quedado el espejo".
—JEFE POLICÍA (retira el pañuelo y POLICÍA la vista.) Oye, Martín, ¿cuánto tiempo pudo haber agonizado Mariano?
—POLICÍA ¿Agonizado? Dos segundos a lo sumo, porque la pistola es potente. Vámonos, que hace frío y que tienen que llevarse el cuerpo.
—JEFE POLICÍA Osea que es muy difícil que se cubriera con el pañuelo después de haberse disparado.
—POLICÍA Si no imposible. ¿Qué pasa? Vámonos ya, que me estás empezando a preocupar.
—JEFE POLICÍA Y decías del muerto. No lo sé muy bien, Martín, no lo sé... Pero este pañuelo no tiene agujero
Dolores disfruta de una taza de chocolate en la chocolatería.
—JEFE POLICÍA: ¿Es usted la señora Armijo, la que avisó a la policía del disparo?
—DOLORES: Sí, soy yo.
—JEFE POLICÍA: Lamento comunicarle que no se ha podido hacer nada por Mariano. El disparo fue en la sién.
—DOLORES: No iba a dispararse en la rodilla.
—JEFE POLICÍA: Efectivamente, todo apunta a un suicidio, sobretodo después de ese artículo sobre muertos y cementerios que escribió. ¿Sabe? Mi mujer se va a poner muy triste cuando le dé la noticia... Larra, suicidado, ella seguía siempre sus artículos, desde <<El Pobrecito Escritor>>.
—DOLORES: <<El Pobrecito Hablador>>.
—JEFE POLICÍA: Eso, <<El Pobrecito Hablador>>. Como le digo, es mi mujer la que seguía todas sus publicaciones, pero todas, eh.
—DOLORES: Como comprenderá, la muerte de Mariano José me tiene muy afectada. No estoy de humor para que me cuente cosas sobre su mujer. Vaya al grano, porque no creo que haya venido a tomarse un chocolate conmigo, aunque en tal caso me gustaría invitarle.
—JEFE POLICÍA: ¿Lo haría usted? Muy agradecido, quizá para otro momento. No quiero molestarla más. Sólo una cosa: el pañuelo que cubría el rostro de Mariano no tiene agujero. Se supone que la bala debió perforarlo.
—DOLORES: (Se le atraganta el chocolate) ¿Qué está insinuando?.
—JEFE POLICÍA: ¿Le parece que estoy insinuando algo?
—DOLORES: ¿Que no es un suicidio?.
—JEFE POLICÍA: No señora. Insinúo que como la pistola no era lo bastante fuerte como para matarse en el acto, le dio tiempo a cubrirse con el pañuelo, aunque ya que usted lo plantea, queda detenenida, sospechosa del asesinato de Mariano José de Larra. Estos hombres la acompañarán.
Si Dolores no se desmaya es porque el chocolate compensa el bajón de azúcar.
Comisaría, o como se quiera llamar allá por el XIX.
—POLICÍA: ¿Por qué has arrestado a la señora Armijo?
—JEFE POLICÍA: Para que el asesino crea que se ha salido con la suya.
Ferrocarril.
—EL ASESINO: Se dagán cuenta de que no fue un suicidio, deja de dagle vueltas. Ya decía yo que habiendo sido ministgo de hacienda no te fue a seg difícil desembolsag lo acogdado.
—MENDIZÁBAL: (Contando los billetes) Si ese malnacido llega a meterse en política nos habría causado problemas a todos. Toma, y desaparece de mi vista. En la siguiente estación.
—EL ASESINO: No te pgueocupes, que a moi no se me vuelve a veg. ¿Cómo segá guecogdado Laga?.
—MENDIZÁBAL: Cervantes lo es por ser el escritor del Quijote. Larra será el periodista y escritor español, nacido el 24 de Marzo de 1809 y suicidadoel 13 de febrero de 1837. Ahora largo.
El tren llega a su destino. Llueve. Por la ventana MENDIZÁBAL, ve a JEFE POLICÍA con su paraguas bajo la lluvia, e intenta salir por la puerta trasera. Dos agentes le dan alcance. Es arrestado y vuelven al tren para aprovechar el viaje de vuelta.
TIC-TAC, TIC-TAC. Zumaut lento del cuerpo de Larra.
Larra sonríe y la sangre le llega a los labios).
Antes de que su aliento se apague oye a Dolores llamar a la puerta. Palpa la mesilla y encuentra el tapete. La lámpara cae estripitosamente y se cubre el rostro. Se veía muy desaliñado en el espejo.
Dolores llama al timbre y a la puerta.
—DOLORES: ¿Mariano? ¿Hola? He oído un ruido, ¿estás bien? (Al no obtener respuesta se encoge de hombros y se marcha).
A la media hora llega la policía, después del aviso de un vecino.
—POLICÍA: Era ya lo que le faltaba a este loco, se ha matao con su propia pistola.
—JEFE POLICÍA: Joder, con éste ya llevo tres suicidios. No sé si pretenden llamar la atención, si se trata de una chiquillería, o por un capricho no cumplido. Éste estaba casado y era padre de tres hijos. Hostia puta, que yo también quiero la luna y las estrellas en el jardín, y la estación a la puerta de casa.
Antes de que JEFE POLICÍA retire el tapete y POLICÍA la vista, cae el

TELÓN.

Obra[editar]

Artículos[editar]

El día de difuntos de 1836[editar]

Pupurrí en el que a Larra se le va la pinza como consecuencia de mezclar en una misma sesión, lecturas de Santa Teresa de Jesús, Platón y de Poe. Las contribuciones parciales son:

  • Santa Teresa de Jesús: Eso del <<me muero por no morir>>.
  • Platón: Mundo de las ideas.
  • Poe: Oscuridad, muertes, cementerios y sepulturas.

Y la resultante de tanta lectura no es otra que la locura: unos cargan contra molinos, a otros les da por morder esquinas y a Larra le da por ir por los cementerios preguntando a la gente que por qué llora, si los muertos somos los vivos y los vivos son los muertos.

Siempre habrá que volver mañana, porque toda automatización requiere mantenimiento, un encendido y un apagado.
A menos que...

Solución: Psicólogo para que delegue en el psiquiatra.

Vuelva usted mañana[editar]

Arremete contra la Administración Española porque, posiblmente por tener que hacer cola de ocho horas un día y otras quince al siguiente. Posiblemente un artículo atemporal.

Solución: ¡No haberse suicidado para dar tiempo a Babbage a hacer su trabajo (automatización)! Aunque a día de hoy sólo haya servido para billetes y poca cosa.

En este país[editar]

Otro artículo atemporal en el que critica a los que menosprecian España sin más conocer que sus propias rutinas y narices, con la frase <<En este país>>.

Solución: Si tanto se alardea de la Ilustración, haber derrocado a Fernando VII para que ésta cuajase en España, de modo que no fuese posible la comparación entre países (todos ilustrados).

Un reo de muerte[editar]

Aquí critica, por un lado, que la muerte de una persona sea espectáculo y comidilla del barrio, independientemente de lo que haya hecho el condenado; por otro, la pena de muerte en sí; y por otro, la parafernalia montada por la autoridad, amenazando con armas de muerte.

Solución:

Como si aquí no hubiese habido romanticismo.